Visca la cuina volcánica!

Pues sí muchachos y muchachas, ya estamos de regreso de nuestras mini vacaciones por La Garrotxa y es que entre Londres, Lisboa o Lanzarote, decidimos “fer país” y visitar la comarca esta que tiene más volcanes inactivos que yo cuentas de correo gratuitas.

Pat encontró en este gran mundo virtual que es Internet una casita acogedora. En toprural.com, encontró una herramienta para seleccionar alguna casa rural decente. El primer criterio de búsqueda fue el de las rutas pedestres (nada tiene que ver con el fenómeno natural que le ocurre a uno cuando come fabada y legumbres de esas). La Garrotxa tiene las más y mejores rutas de paseo que hay en la Catalunya Nord. El segundo criterio fue el de la comida y es que en Mas Colom, la comida es “casolana” y del propio huerto. No veáis que peazo butifarras crecen entre las lechugas y los “bulets”.

En fin que la pinta era fina.

El viernes por la tarde fuimos a recoger el magnífico coche de alquiler del grupo B que habíamos reservado una semana antes. Del Seat Ibiza que nos habían dicho, nos dieron un Toyota Yaris azul océano (por aquello de que las mares están ya de un color entre marrón y verde dependiendo de la cantidad de colectores que lleguen a costa y de la tormenta tropical que nos haya azotado esa semana). No era lo mismo, pero se dejó conducir. Bueno a Pat le desilusionó un poco y se negó en redondo a alternarnos en la conducción.

Como siempre que vamos en coche a sitios desconocidos, yo puse a prueba la capacidad de co-pilotaje de Pat, chicas, ahora entiendo que en las Pascuas, nadie la quiera en el asiento delantero derecho. Dimos más vueltas que en una carrera de fórmula uno. En fin después de algunas discusiones, gritos, mordiscos y pellizcos decidimos que nuestro amor valía más la pena que cualquier discusión. Y así y tras preguntar 4 veces llegamos al Mas Colom (ni con GPS habríamos llegado con las indicaciones de la web).

La primera en la frente. En el parking había 3 coches con 3 parejas y con 4 niños cuya edad no superaba los 2 y medio y descendiendo. ¡A descansar veníais? Pues mejor os volvéis a Barcelona.

Como lo oís. Después de las bromitas típicas y lo de -¿No hay tele? y cómo veremos mañana al barsa?- sufrimos la primera cena con aquellos enfants terribles que no paraban de pegarse, llorar, autoinmolarse mediante cabezazos certeros contra el suelo y el “es mío, es mío” precedente a un arañazo en la cara o empujón propinado al adversario. De todas formas, me quedo con el Joel.

Resistimos como pudimos la tentación de asesinarlos a todos y saciar nuestra sed de sangre acumulada durante el viaje y decidimos irnos a dormir bien temprano.

El sábado, Pat me convenció para hacer la Ruta de las 3 Colades. En resulta que hace muchos, pero muchos años, la Garrotxa era la Región Mundial de los Volcanes y en Sant Joan les Fonts había uno particularmente animado. Así que escupió lava una vez y todo se llenó de lava. Con el tiempo, la tierra y el río Fluvià se encargaron de sepultar toda esa lava. Pero el volcancito escupió otra vez y una tercera con lo que en el paisaje se puede apreciar el proceso de lava, tierra, lava, tierra, lava y tierra, que parece aquello lasaña napolitana.

Trayecto, unas 2 horas por entre el río, paisajes muy boscosos, algún resbalón de las super-botas-camperas-trekking de Pat y cero resbalones de las bambas-de-skater-que-nunca-ha-utilizado-con-monopatín de Benito.
Tras la caminata, nos fuimos al siguiente pueblo (en coche, por supuesto que aquello se puede hacer todo andando pero como que no) Castellfolit de la Roca que tiene la parte alta del pueblo sobre una pared de basalto bastante curioso.

Después de estos paseos conseguí arrancarle la siesta a Pat así que nos volvimos al Mas a eso de las 5 y dormimos hasta las 7. Por la noche, más sesión de gritos, lloros y pataleos. La otra pareja que estaba con nosotros aprovechó que Girona está muy cerca y se fue a cenar con unos amigos con lo que Pat y yo nos comimos todo entero y con patatas el escándalo infantil.

El domingo por la mañana coincidimos con la otra pareja (que por cierto también tenía 2 hijos y se los había dejado en casa con los abuelos) y nos contaron que habían ido a Les Preses, un pueblo que tiene volcán (cómo no). Nos contaron que llevaban 2 años sin salir (desde el primer embarazo), apenas ven la tele, no van al cine,… vamos pa no tener niños nunca.

Decidimos hacer esa ruta pero antes pasaríamos por Olot para ver la ciudad y alguno de sus volcanes. Por la tarde fuimos a Les Preses y nos fuimos al Àrea Recreativa de Xenacs que es la montaña desde la que parten las rutas para subir al mirador desde el que se ve casi toda la zona aquella. Otras 3 horas de paseo.

Al volver al Mas había otra familia con un bebé que no armó mucho escándalo aunque se dejó oir. También había otra pareja. Un chico y una chica hijos de emigrantes españoles en Venezuela. Su historia vendrá después.

Para el lunes nos fuimos a la Fageda, que no es más que un bosque de hayas normales, corrientes y molientes, pero en gran cantidad. Hicimos la ruta del bosque y de ahí nos fuimos al Volcán de turno. Todo cifrado en 4 horas y 20 minutos. Pero, entró en liza un nuevo elemento. Las mega jander chupi botas de Pat empezaban a pasarle factura, así que imagináos subiendo el sendero y cojeando mientras intenta disimular su terrible dolor. Llegamos hasta arriba del todo y ya nos parecía curioso de no encontrarnos a nadie en nuestro mismo sentido, todos venían de cara. Arriba del todo hay una casita y se puede bajar al fondo del cráter que está lleno de cesped. Desistimos dado el mal estado general de Pat. Haciendo la bajada nos dimos cuen de porqué la gente lo hacía al revés. Ni punto de comparación la ruta si la coges desde una parte o de la otra.

Al acabar esa ruta emprendimos otra en la que se muestra uno de los volcanes seccionados (de unos 100 metros de altura) y se puede ver generosamente los diferentes estratos y capas de la montaña (por cierto que antes fue abocador y en unos paneles podías ver cómo había hecho para tapar toda la basura que la gente había ido echando). Otros 50 minutos.

Por la tarde coincidimos con los venezolanos en Santa Pau, un pueblito medieval (también tiene su volcán cerca) y nos lo recorrimos juntos.

Esa noche éramos los únicos inquilinos de la casa con los venezolanos y empezaron a desgranas obras y milagros de Caracas ciudad sin ley. Tal como secuestros (al padre de la chica 1 vez durante 3 horas), robos de coches (7 a la familia de la chica), en fin, algo para oír. Todo el mundo lleva pistola en el coche. Ventanillas hasta arriba, seguros echados, nadie para por nada en la carretera porque sino te atracan, si vas andando, prácticamente van corriendo, con mil ojos por si alguien se te arrima y te rapta, cosa fina oiga.

Aprovechamos que estábamos más o menos tranquilos y tratamos de arreglar el mundo con 2 botellas de vino. Evidentemente no pudimos, decidimos dejarlo tal cual está “campi qui pugui”.

Y el martes, nos levantamos tristes porque nos teníamos que volver. Intercambiamos tarjetas con los venezolanos, nos despedimos de Pilar dándoles las gracias y empezamos camino.

Pasamos por Olot para comprar embotit de payés, volvimos a Sant Joan, de ahí a Besalú, otro pueblito medieval que está 100% conservado (aunque fue visita relámpago desde el coche) y después de comer, a casita no sea nos coja la operación retorno y estemos 3 horas en la pista.

Y todo esto ha sido nuestro puente de la Mercé.

Y vosotros qué habéis hecho?

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