Mi aventura BMW

Para los que no lo sepáis o lo hayáis olvidado, el 1 de diciembre es mi cumple.
Bieeeeen.
Y para esta ocasión, Pat se ha estirado cantidá.
Como siempre falla a la hora de hacer los regalos, esta vez quiso superarse. Básicamente, sus opciones son:
– Libros.
– Y ya.
El problema es que, aunque le pone voluntad, siempre ocurre lo mismo:
– Me lo acabo de comprar yo mismo.
– Se imagina (erróneamente) que me va a gustar.
Últimamente, la táctica era mucho más sencilla, yo le decía lo que quería y ella me lo compraba.
Y claro, se lo ha tomado al pie de la letra.
En esta ocasión, mis deseos eran claros: Quiero un agenda electrónica con tropemil millones de colores de pantalla, con pantalla panorámica de plasma y una resolución de unas 32 pulgadas (pa que se vea bien vista), sistema operativo compatible con PC y Mac (por aquello del G4 de casa), últimos programas de Office (con agujeros de seguridad incorporados de serie) y ABS integral en las cuatro esquinas.

Sin embargo, y pese a insistirle mucho mucho, ella me decía que nones.

Total, que como el finde de mi cumple, estaremos en Valencia coincidiendo con el cumple de mi hermana, pues mejor era darme el regalo en la intimidad de nuestro pisito de 35 m cuadrados útiles.
Asi que este viernes por la tarde, empecé a recibir mensajes en mi movil del estilo: “Tu regalo anda cerca…” y tope misteriosos como “En Calabria con Valencia (calles de bcn) a las 17:30 horas”, en fin que el tema daba más susto que muerte.
Cuando nos encontramos, Patri estaba bastante nerviosa. No sabía si me gustaría o no. Y yo más nervioso aún porque no veía la bolsa de la FNAC con la Palm. Cachis.

Total, que nos fuimos a Control 94 un concesionario mixto de BMW y Honda. Yo pensaba que me habría comprado un casco o una chaqueta motera, pero no.
Entre misteriosos guiños de complicidad con el encargado, nos mandaron a la tienda BMW de enfrente y de allí al taller de reparaciones.

Y allí, el regalo: una BMW RT 1150 cc que había alquilado para el fin de semana.
A lo primero, un poco de susto porque estaba en un caballete de mecánico y os juro que parecía enorme.
A lo segundo, más susto porque un bicho así, no lo lleva cualquiera.
Pero todo salió a las mil maravillas. El mismo viernes nos fuimos hasta Sitges para probarla y oiga, qué pasada!!!
En definitiva, se han cumplido un par de cosas:
– Lleva ABS en las 2 ruedas como yo quería.
– Toda la vida llevo diciéndole que me regale una moto.
Así que, os imploro: se admiten donativos para comprar una motocicleta bávara, para poneros en contacto, responded a este e-mail y os indicaré la forma envío de estos donativos.