El ojo de Fabra o… (crónica de una navidad anunciada)

Crónica de una Nochevieja anunciada.

En vano, pues estaba muy cansado, intenté rememorar por un instante el discurrir de toda esa magnífica noche que pasamos en casa de Rosario celebrando la Nochevieja de 2003.

A mi boca surgían canciones sin parar pero mi garganta, ya machacada por el esfuerzo previo, se negaba a emitir ninguno de mis sonidos/ gemidos. Nenaaaaaaaaa!!!!!

Y es que aquello, era una fiesta.

A mis brazos… amigos.

Pero dejad que me extienda cuan largo soy contando cómo transcurrió el tema.

La verdad es que en general debemos dar la enhorabuena a los premiados, 1er Premio a la Rapidez en la Compra de la Cena de Nochevieja.

Y eso que los canelones, dieron que hablar…

Saltando directamente al inicio de la cena, a eso de las 9/ 9:30 acudíamos a casa de Rosario a rematar esos minutos finales del 2003 en recogida comandita.

Lo primero, preparar las viandas que consisistían básicamente en laterío, fiambres fríos, espárragos blancos y 1 kg de langostino cocido a 4,55€ que a pesar de todo, no sobró, vino, agua y demás manjares propios.

La cena fue amena gracias a Javichu, un perfecto chicarrón del norte, del mismo Bilbao aiva la hostia, compañero de llagas en los pies provocadas por el Camino de Santiago (mira que empezarlo en Oslo) que nos estuvo contando mil y una aventuras por Nicaragua y los huelepega (parece un nombre de un grupo musicovocal).

Lo mejor de todo fue el debate enconado para decidir con qué cadena entrábamos en el 2004. Por votación popular (y el mucho daño que TVE nos hizo en nuestra infancia que nos tiene el celebro sorvido) decidimos quedarnos con Carmen Sevilla, nueva musa del Cine de Barrio ovejil y Ramón García el Eterno, que lleva más horas en TVE que el cable de la antena.

Yo, por la parte que me toca, que siempre suele ser de las más grandes para poder llenar mi estómago, albergaba sospechas, fundadas, de que no sería capaz de acabarme las uvas a tiempo. Primero, porque después de 28 años, aún no tengo claro qué son cuartos, qué campanadas y qué maitines y segundo, porque a pesar del peazo buzón que Dios me dió, no me caben 12 uvas con sus respectivas pepitas y sus respectivas pieles.

Y ojo, porque según un estudio de la prestigiosa Universidad de Arizona (la estatal, no la de pago), la media de pepitas por uva de tamaño medio, considerado por un diámetro de entre 15 y 19 milímetros, está en 3. Asimismo, el área que ocupa la piel de dichas uvas, también la Univ. de Arizona estimó la media en 3,2 centímetros cuadrados.

Es por ello, que haciendo cálculos mentales, tenemos que 12 son las uvas que nos comemos (o lo intentamos), 36 las pepitas y 38,4 los cuadrados de centímetro de piel que nos embutimos en la boca. A todo esto, la Univ. de Arizona se olvidó del contenido en pulpa de la uva que viene a ser de unos 80 gramos así como el mosto procesado y fermentado convertido en vino que viene a ser 2 decilitros a 17 grados de alcohol.

Pero además, otros factores vienen a perturbar el normal desarrollo de la famosa ingesta de las uvas, a saber (enumeradamente):

1.- El escaso plazo de tiempo para ingerir una uva marcado por la campanada (el truco principal, es empezar con los cuartos alusionando una confusión por culpa de la folclórica de turno que presenta las campanadas).

2.- Los diversos mordiscos que se da uno mismo a la parte interna de los carrillos conocida científicamente como palpo maxilar cuando intenta desplazar la última uva ingerida para dejar hueco a la siguiente mientras se sortea con la lengua las pepitas, que son muy desagradables de morder (aunque no tanto como los granos de pimienta negra que mi madre insiste en poner al pavo relleno que hace el día de Navidad y oye, no veas cómo jode, porque uno, está tan tranquilamente comiendo su pavo y de repente se encuentra uno de estos granos dichosos y no veas… pero creo que me estoy desviando del tema.

3.- La presión real o ficticia del listillo de turno que bravuconadamente dice que él sí consigue ingerir las 12 uvas a la pata coja izquierda (o es la derecha?), un ojo cerrado, los dedos índice y anular con doble cruce y algo rojo prestado (mierda, ya decía yo que se me había olvidado algo). Aluego siempre se encuentran debajo de la mesa algunas uvas a medio procesar de alguien que tuvo que expulsarlas precipitadamente.

Pero he aquí que esta vez, gracias al altísimo (no veáis lo alto que era) que nos sugirió pelar las uvas y despepitarlas. Y ya veis, al grupo recogido alrededor de esa mesa, todos, laboriosamente afanados en pelar y despepitar, pelar y despepitar, pelar y despepitar, pelar y despepitar, pelar y despepitar, pelar y despepitar, pelar y despepitar, pelar y despepitar, pelar y despepitar, pelar y despepitar, pelar y despepitar, pelar y despepitar cada una de las 12 uvas de la suerte. Pero, creo que no todos actuaron igual. Me consta que algunos, solo despepitaron sin pelar y despepitaron sin pelar, …. y otros no despepitaron y si pelaron, no despepitaron y si pelaron,… cada una de las 12 uvas de la suerte.

Ante esta perspectiva, todos íbamos con el ánimo exaltado (supongo que por los cubatas) con la ilusión de que dejábamos el 2003 atrás con todo lo bueno y con todo lo malo que llevaba y además, por fin, podríamos cumplir con la tradición y acabarnos las uvas a tiempo…

En el momento crucial, Ramón García, ese gran profesional, explicó claramente cómo poder distinguir los cuartos de las campanadas y eso, creo que fue la clave.

De repente, empezaba el cotarro.

DONG primera campanada y primera uva despepitada y pelada (o no).

Espacio temporal no definido.

DONG segunda campanada y segunda uva despepitada y pelada (o no).

Espacio temporal no definido.

DONG tercera campanada y tercera uva despepitada y pelada (o no).

Así hasta la duodécima uva despepitada y pelada (o no).

Y por fin, en mi vida, conseguí acabarme las uvas con cada una de las respectivas campanadas…

Tras las uvas, el cava y los abrazos, los mensajes de movil y el “Por sobrecarga en la red, llame pasados unos minutos, gracias”, empezaron los deseos de buena voluntad para el 2004 y empezó la gran fiesta.

Una guitarra surgió de la nada y al simple pero efectivo rasgueo de sus cuerdas tensas, nos arrancamos con canciones de ayer y hoy, todas de cultura popular. Allí se desgranaron los grandes éxitos de grupos como: los manolos, siniestro total, duncan dhul, la unión, loquillo y los trogloditas (nenaaaaaaaaaa), seguridad social, toreros muertos, miguel bosé, mecano, golpes bajos, radio futura, y un gran etcétera.

Pero sin duda, lo mejor de la noche fue, cuando al grito de pajaritos por aqui pajaritos por allá las alitas despegar nos dispusimos alrededor de la mesa y dimos un par de vueltas extasiado por la “germanor” entre orelluts y blaveros, chicarrones del norte vasco y españolitos de a pie, en definitiva ciudadanos del mundo con nuestras mismas inquietudes y necesidades, nuestros deseos y anhelos, nuestras aspiraciones para este año que empieza…

Feliz año 2004 a todos vusotros los que estuvisteis y a los que nos hubiese gustado que estuvieran

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