Del sobrepeso a la obesidad, hay 2 kilos

Recuerdo una época en la que me pesaba frecuentemente y seguía, digamos, un control estricto de mis tallas (de todas).

En esa época, entrenaba bastante y claro, también comía bastante, pero milagrosamente, no pasaba de los 93 kilos.

De repente, mi vida cambió. Encontré la estabilidad emocional largamente ansiada y, con poco peso específico en la historia (creo yo), me trasladé a Bcn para convivir o cohabitar con mi chica), dejé de hacer deporte y la dieta, pues varió sensiblemente.

Al principio, no notaba ningún cambio físico en mi aspecto. Era capaz de subir las escaleras sin siquiera sufrir carencias de aliento, podía cargar grandes cantidades de peso, etc.

En una ocasión, estando en un camping de Andorra con antiguos excompañeros de waterpolo, reíamos ante la visión de sus tripitas prominentes… Mi chica, estaba encantada con la tableta de chocolate que yo tenía y claro, se cernía la incertidumbre de si tras el cese de la actividad deportiva, mi cuerpo se asemejaría al suyo.

El tiempo avanzó y evidentemente mi cuerpo comenzó a sufrir variaciones. Tantas que súbitamente, de un año a otro, las medidas del traje se volvieron inservibles. La tan temida tripita había aparecido, la cara se parecía a un panquemado y el trasero, era de panadera.

La consagración del cambio vino el año pasado tras hacerme la revisión anual de la empresa.

Al realizar las medidas, los números cantaban: 1,89 y 105 kilos de peso.

El diagnóstico: asesinato, perdón, sobrepeso.

Habría que tomar medidas, mejor a largo plazo.

Despúes del verano y ante el gusanillo de hacer algún deporte, nos apuntamos a la liga Dinamis donde podríamos quemar un poco de calorías al menos una vez por semana.

Confiando en esta solución, llegó la hora de la siguiente revisión.

Los números volvieron a dar su tétrico veredicto. Peso, 107 kilos de peso.

Imaginaba que el resultado sería algo así como “Sobrepeso, reincidente”, pero mi sorpresa ha llegado esta mañana al darme el informe.

El doctor, escribe: “Obesidad” (qué palabra tan temible).

Recomendaciones: “Debería reducir su peso con una dieta hipocalórica moderada, acompañada de una actividad física adecuada a su edad y realizada de forma regular.”

Y el cabroncete se ha quedado más pancho que largo.

Así que ahora sí, proceden medidas urgentes. Más deporte y menos comida y por consiguiente peor humor…

Chicos y chicas, vigilad los kilos de más que son traicioneros, como las matemáticas que 2 y 2 son 4 y 107 es obesidad.