El día más triste de mi vida

Muchas veces te preguntan que cual fue el día más feliz de tu vida… y yo qué se. Si eres padre (no es el caso) es muy fácil… “El día que nació mi hijo”. Nadie te habla de esa primera “cagada” que pegan, no veas, 9 meses de ful acumulada, tiene que ser horrible.

Pero no hablemos de niños no sea que me deprima.

Si no tienes hijos, las cosas varían de muchas maneras posibles:
– El día que me casé
– El día que me declaré
– El día que ganó el Barça la Champions
– El día que ganó el Madrid la Champions
– El día que el Atleti bajó a Segunda (pobre Atleti…)

Pero muy pocas veces te preguntan cuándo fue el día más triste de tu vida.

El día más triste de mi vida fue el día que descubrí que no tenía superpoderes de ningún tipo.

Los superpoderes suelen ser de muchas tipos, os los enumero.
– Superfuerza. Es ideal cuando tienes hermanos mayores que pasan su adolescencia atollinándote. Al principio mola porque parece un juego pero al final siempre lloras. Y resulta que cuando por paradojas del destino (o de los petit suis que yo me comía 6) te haces más grande que tu hermano y estás en la adolescencia y ves en él ese pelele al que machacar y reírte al mismo tiempo, pues entonces te suelta que no, que ya no juega y que te busques la vida que me voy de discotecas…

– Velocidad supersónica. Lo mejor cuando estás en EGB o como demonios se llame ahora y quieres impresionar al pibón de turno y no hay manera. Entonces en clase de Educación Física con el profe Jose Luís no hacéis otra cosa que ir al río a correr y siempre hay un cabroncete que te gana así que te da el bajón pensando que no se fijan en tí. Es ideal para escapar de los kinkis que te quieren robar. Aunque lo mejor es la técnica del “no llevo nada y además es verdad”, ni dinero, ni reloj ni nada de nada. Al final aún les di un puñado de las pipas que me quedaban y casi nos hacemos colegas.

– Control del espacio-tiempo. Parece una chorrada pero imaginaos el caso. Te encuentras un pelo de sierra de las sierras esas de manualidades del cole en el coche. Y no se te ocurre otra cosa que tirarlo en el asiento delantero del conductor (que es tu señor padre) y se queda allí puesto. Y en esas llega tu padre y en la primera puta vez que se le ocurre espolsar el asiento forrado de leopardo (no había otro modelo que ajustara) y se le clava el pelo ese en medio de la palma de la mano. Medio pelo dentro y medio pelo fuera y horror!!! se le ha clavado al revés, es decir, lo que corta hacia fuera así que cuando lo estire será peor… y entonces mira al asiento de atrás y te pilla a tí haciendo una fuerza sobrehumana para echar el tiempo hacia atrás y tirar el pelo ese por la ventanilla, mira que era fácil, ventanilla-asiento, ventanilla-asiento… y al final elegiste asiento. Qué loser.

– Visión de rayos X. Esta es la favorita de todo adolescente. En esa etapa en la que descubres la sexualidad (bueno, vamos, que otros tienen sexualidad) y te imaginas mirando a través de las paredes o de las puertas o mucho mejor, viendo a través de la ropa de las chicas… Viene muy bien para ver las respuestas en los exámenes de la empollona de turno, pero por mucho que apreté los ojos saqué de media un 0,5 en mates en 2º de BUP .

– La inmortalidad. Puf, esta parece buena pero es una mierda. Sólo tenéis que ver la infame saga de “Los Inmortales” (here we are, born to be kings with the princess of the Univeeeeeeeerse). Se te va muriendo la peña alrededor así que mejor que no. En mi caso con toda la inquina que atesoro igual me molaría, así podría ver cómo van muriendo (aunque sea de viejos) todos los patanes que te cruzas en la vida y a los que gustosamente les darías matarile.

– Inteligencia. Je, si, reiros lo que queráis. Parece de los superpoderes tontos, pero joder ojalá la tuviera aunque fuera de la normal. Te viene de lujo cuando eres el último mono en todo, incluso en inglés de 6º de EGB. Te salen respuestas ingeniosas, en mates de BUP no tienes problemas, el latín se convierte en tu tercera lengua, nadie te pisa. Aún recuerdo en COU (ya crecidito, eh?) en la pizarra analizando el sujeto, verbo y predicado, la profe metiéndote caña y tu ahí como un pasmarote pidiéndo a gritos a tus neurona que echen a correr o lo vamos a pasar mal, francamente mal… qué imagen se quedaron mis compis de aquel año en Jesuitas…

– Superelasticidad. Esta me encanta. Es brutal para jugar al pilla pilla o para salir al toro embolao en el pueblo. Unos recortes, madre mía, ovaciones por todos lados. Lástima que cuando me doblo y estiro los dedos no llego ni a mitad de las canillas. Dicen que es culpa de la natación porque es un deporte que no fomenta la flexibilidad, pero joder, que hasta me da vergüenza.

– Telepatía. Otra de las majors. Quien no ha querido poder leer la mente de los demás? saber qué piensan de tí, poder adelantarte a los deseos del otro, arreglar problemillas, saber cómo afrontar las cosas… El resultado real es que te quedas mirando a la otra persona con los ojos totalmente idos y lo que el otro acaba pensando es que estás como una chota.

En fin, creo que aún me quedan superpoderes que analizar, enviadme vuestras sugerencias y os diré cómo me afectaron a mí mismo.

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